Soy una mujer de agua 

​Me dijo que le siguiera. Aún oigo su eco en la montaña vacía. Algo se perdió y no volvimos a encontrarnos. Ese no adiós es una zarza espesa que se enreda en la piel, pero no sangra. Sentada en los lunares de la noche, mis venas se secaron contemplando las lágrimas polvorientas. Ahuyenté todas las palabras y dibujé un día soleado como una niña que se mece en el columpio de la ingenuidad. Me llené de melodías, me sumergí en el mar del infinito utópico. Nací en el silencio de su voz, en las ondas, en la sal. Soy una mujer de agua que añora los colores. Por eso, hoy, los fui a buscar en las entrañas. Allí es donde el deseo pervive, allí es donde se esconden las hojas verdes, las amapolas, la eterna luz, los besos, los abrazos.